MI VIAJE POR MARRUECOS 1984
 

Salimos de Madrid hacia las siete de la tarde, paramos en varias ventas; allí tomamos limón-kas… Dormimos por primera vez en el Nairo-bitarrak. Hacía un poco de calor, a la mañana siguiente salimos en dirección a Ceuta, allí volví a encontrarme con los recuerdos de años atrás cuando salíamos del cuartel y paseábamos por el muelle o por la calle real. Ceuta sigue teniendo el ambiente que tenía antes, no me gusta. “Antes al pasar el Estrecho desde Tarifa veíamos Africa perfectamente, no había niebla, parecía muy cerca”. Compré dos cazadoras de cuero y un juego reparador de automóvil.

Aquella noche la pasamos en el puerto, después la frontera con los que querían pasarla, luego otros con bicis intentando pasar aroz y así pasamos cruzamos la frontera y llegamos a Marruecos, comimos por primera vez alimentos preparados por nosotros a la orilla de un río, allí me encontré con un hombre que me enseñó su molino y su huerta; más tarde seguimos el viaje hasta un punto en la montaña pasado el Rif. Al día siguiente nos dirigimos a Valubilis y luego a comprar a Meley-Idris donde nació uno de los profetas. Tienen una gran mezquita, es la ciudad santa de los marroquíes, sobre todo de los pobres. Comimos en un desvío secundario que hay entre Muley-Idris y Fez; con la ayuda de los prismáticos descubrí unos pueblos en lo alto de la montaña de adobes y encalados de blanco muy típicos, con su mezquita claro.

(Fez 3-10-84)

Ahora escribo desde el monte de los cedros a donde llegamos tras pasar por un pueblo de montaña a lo suizo. Los cedros son grandísimos, algunos de 60 metros de altura y entre siete personas no lo abarcamos. No hay carreteras, sólo caminos de tierra, he hecho dos diapositivas; dejamos el Nairo-bitarrak y hemos subido andando, ahora comeremos supongo que tomates, cebolla, remolacha, lechuga y unos quesitos. La gente ha visto monos.

El lago de Sidi-Ali está rodeado de jaimas, tiendas típicas de pastores beréberes que nos invitaron a té, yo me tomé dos, antes había estado intentando pescar algo en el lago pero hacía mucho viento. Cenamos al lado del autobús y dormimos dentro pues hacía demasiado frío. Por la mañana me he levantado a las siete y media y me he dado un gran paseo por el lago y las montañas, he visto fochas y patos mandarín, también zorzales; me he tomado dos tes en la misma jaima que la de anoche. Los pastores se iban con las ovejas y las cabras a la montaña.

En Midelt. Este pueblo es mejor olvidarlo, no hay nada, bueno sí hay “palizas” que te quieren vender fósiles típicos y otras cosas. Nos llevaron a comer a un restaurante típico, esto es, sin nada de nada, pero nos clavaron 30 dirhams por no preguntar el precio. Comimos “cous-cous” que estaba bueno. Seguimos la ruta hacia el Rachidia, pueblo militar bastante grande donde empieza prácticamente el desierto con todas la montañas peladas, sólo hierba y alguna palmera de vez en cuando. La calle-carretera estaba toda llena de gente que volvía de clase o iba a ella. Luego tomamos la ruta de Meski, un oasis con un camping paradisíaco metido dentro de un cañón y rodeado de palmeras y en el centro un gran estanque donde me bañé. Después llegó el regateo con los vendedores del camping, fui demasiado duro y no conseguí vender la caja de herramientas que había comprado en Ceuta; por la noche un autobús de holandeses tenían una bronca montada de mucho cuidado. Yo pedí dirhams prestados y me tomé un güisqui con coca-cola y dormí en el auto-casa. Conocí a un grupo de paisanos que estaban dando la vuelta a Marruecos. Por la mañana salimos hacia la frontera.

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