Aveiro, El océano de Castilla

por Nicolás Calvo

 

El fin de semana del pasado 20 de mayo fue especial para algunos de los miembros del "Ciempies" lo pasamos en las hermosas dunas del parque natural de San Jacinto en nuestro querido país vecino Portugal.

El viernes 18 Javier Abel y Nico se adelantaron al grupo para aprovechar al máximo el ansiado fin de semana y también para explorar el terreno y facilitar la visita al resto del grupo.

Tras un agradable viaje de dos horas y media, más o menos, llegamos al camping situado en Furadouro, como a 20 km. de Aveiro en dirección a Porto. Es aconsejable llegar hasta el final de la Autovia 25 hasta enlazar con la A-1 que sube a Oporto. Se sale hacia Ovar y desde aquí hacia la playa de Furadouro, donde se encuentra un buen camping con mucha sombra y suelo de hierba y tierra.

Nada más llegar procedimos a montar la tienda que como dicen las instrucciones se monta en dos segundos cosa que fue cierta aunque parezca mentira. Merendamos el consabido hornazo, dimos un paseo por la playa y nos encontramos con el espectáculo de un mar embravecido que nos dio alegremente la bienvenida. El viento era considerable por lo que la estancia en la playa era bastante dificultosa.

Aunque es una tienda para dos nosotros nos metimos los tres casi que necesitamos un calzador para entrar. La verdad que mis chicos han crecido un montón y ya son unos verdaderos hombrecitos. El camping no está excesivamente lleno, se encuentra limpio, con agua caliente en las duchas... perfecto para pasar dos noches.

Dormimos perfectamente con un poco de calor por el apretón pero fenomenal. Por la mañana lo típico: el desayuno, recoger la tienda, lavar los vasos, aseo y a explorar: cogimos el coche y nos acercamos al parque natural de las Dunas de San Jacinto, justo en frente de la ría de Aveiro, en la costa. Localizamos el lugar y visualizamos el itinerario que al día siguiente con el grueso del grupo seguiríamos. El corto viaje hasta San Jacinto fue muy interesante, paramos en las pequeñas localidades que se encuentran a lo largo de la ría; se trata de una zona muy hermosa con el vigoroso mar a la derecha y la vivaz ría a la izquierda de la carretera.

Regresamos a comer al camping y cuando estábamos reposando la comida llegaron Manuel y Roberto con la furgo del primero, una alegría encontrar a amigos tan divertidos y tan cercanos.

Nada más que se establecieron junto a nosotros en el camping merendamos y corrimos hasta la playa para disfrutar del sol y de las espectaculares vistas del mar y sus arenas.

De vuelta al camping a pasar la noche para descansar y estar perfectamente para recorrer los caminos al día siguiente. Hubo más cachondeo de lo normal lo cual no afectó lo más mínimo ni a mis cachorros ni a Rober ni a Manolo. Yo, sin problemas, con mis tapones lo tengo todo bajo control..

Por la mañana: desayuno, levantar el campamento y rápido hacia San Jacinto donde nos esperaban unos animosos Higinio, Mayte, Pablo y Montse. Antes de iniciar la marcha un cafetito todos juntos y listos para caminar.

El recorrido del sendero está muy bien indicado y transcurre sin problemas por un trazado muy bien señalizado y debidamente marcado con postes y con rotulaciones de la flora del lugar. Por momentos la vegetación se espesa y apenas deja pasar los rayos del pobre sol que ni se atreve a salir. La mañana, a pesar de la bruma, es perfecta para caminar: no hace ni frío ni calor.

Nos encontramos con una pequeña laguna en la que se requiere silencio para poder ver a las aves que la habitan. Sorprende encontrar en medio de las dunas una perfecta laguna de agua dulce rodeada de exuberante de vegetación como un verdadero anillo verde de protección y amparo. Desde una caseta especial para la observación de aves, pudimos ver la tranquilidad de los patos y de alguna garza. Lástima no tener unos buenos prismáticos (no se deben olvidar)

La vuelta la hicimos por la carretera para admirar los bellos paisajes de la ría con sus barcas típicas de pesca, parecidas a pequeñas góndolas.

Cogimos los coches y nos acercamos a la playa de San Jacinto. La brisa era muy fuerte y la comida la tuvimos que hacer protegidos por una sombrilla amarilla y una colcheneta cual improvisado cortavientos. Comimos muy bien, de nuevo hornazo, gracias a Montse y sobre todo a su madre que le quedan de rechupete. No dejamos ni rastro.

Y de nuevo a caminar, ahora por la arena de la playa hasta el faro de San Jacinto allá donde el Océano se convierte en ría. El Atlántico rompía con sus enormes olas contra el muelle como queriéndoselo tragar y nosotros tan divertidos con la lluvia de las olas. la vuelta, de nuevo por la playa. Ahora contra el viento, que parecía querer impedir que avanzásemos, como rechazo a los atrevidos intrusos que estában profanando con su presencia el perfecto santuario de quietud y soledad de estas enormes y desiertas playas de fina arena.

Terminada la aventura quedaba la no menor aventura del regreso no tan apetecible a la rutina y el trabajo diarios. En poco menos de tres horas llegamos de nuevo a Ciudad Rodrigo, cansados pero como se suele decir y esta vez es de verdad, contentos, muy contentos del fin de semana en compañía de colegas en un entorno agradable muy agradable.


     
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